Enrique Martínez Reguera: “Los niños son materia de consumo y se le está sacando rentabilidad”

III Encuentros Interprofesionales sobre menores y jóvenes migrantes sin referente adulto Donostia, mayo de 2011

Mugak56Enrique Martínez Reguera ha trabajado durante 50 años en temas educativos y los últimos 40 “con muchachos que la sociedad considera difíciles o en dificultades, ahora les llaman chicos de riesgo”.

Tuvimos la oportunidad de tenerlo en los III Encuentros Interprofesionales sobre menores y jóvenes organizados por SOS Racismo. Martínez Reguera se sitúa en una perspectiva histórica para entender la problemática de estos jóvenes en la sociedad y afirma que las soluciones que se les dan son “el núcleo del problema”. “La legislación que hay sobre los menores no está ayudando nada, los centros de tutela, de reforma, los centros terapéuticos tampoco”. Ante esta aproximación hipercrítica, Reguera apunta a algunas alternativas, “soluciones con una dimensión muy personal, muy biográfica y también muy social”. 

Los muchachos de hoy no son como lo de hace 50 años. En los 70 los problemas de estos chiquillos eran puramente carenciales: Falta de vivienda, alimento, vestido y contra eso tuvimos que luchar durante unos diez años. A comienzos de los 80 fue como si estuviéramos en otro planeta. Con la reconversión industrial, se añadieron los problemas de las drogas a los carenciales. Dos generaciones enteras de población española desaparecieron en estos años. Pasamos pues de luchar contra lo carencial a hacerlo contra la criminalización de esta población infantil y juvenil. De hecho toda la industria de la seguridad ciudadana se construyó sobra las espaldas de estos chiquillos. En los noventa vivimos otro cataclismo que ya se apuntaba en los ochenta, de repente modificaron de raíz toda la legislación sobre la infancia. Se crea una jurisdicción especial, se promulga la Ley de Protección Jurídica del Menor. También el decreto de derechos y deberes de los alumnos para todos los centros educativos. Esto modificó radicalmente la relación entre educador y educando. Mudó totalmente la noción de lo que era un educador. Hasta entonces el educador se movía dentro del ámbito académico y a partir de este momento pasa a ser una especie de funcionario de la administración pública y cambian radicalmente sus funciones. Los muchachos son los primeros que perciben estas modificaciones, los primeros que captan las consecuencias.

Situación actual. Soy optimista y sé que siempre los problemas tienen solución, los niños son la solución. Pero la verdad es que nunca como en este momento nos lo pusieron tan difícil. No hay más que ver todo el sistema de prevención, los sistemas de seguimiento, los centros terapéuticos que se han multiplicado por mil, las profesiones, las instituciones, las ONG. Todos los que participan de este sistema es población de clase media que resbalaba hacia la pobreza y que se sustenta sobre el control de este otro sector más desvalido de la sociedad. Centenares de trabajadores sociales, educadores de calle y mil denominaciones más que se quedarían sin puesto de trabajo si no se dedicaran a esto. Este sector de jóvenes se ha convertido en materia de consumo. Su vida y expectativas están en manos de todos estos profesionales que para vivir necesitan tener un trabajo. Hemos pasado de la sociedad de consumo a una tremenda sociedad de consumidor y consumido. No me cansaré de repetir que nunca en la vida encontré un muchacho que fuera irrecuperable y trabajé con muchachos que fueron calificados como irrecuperables y de alta peligrosidad. Pero yo nunca encontré un sector de población o una familia que no pudieran transformarse profundamente. La cuestión es si el propio sistema les permite cambiar o si los rentabiliza de otra manera.

La industria de la seguridad ciudadana. Los que hemos vivido en primera persona este problema podemos describir cómo se montó la industria de la seguridad ciudadana sobre la vida de nuestros chiquillos, cómo se aterrorizó a la población. Vivía en Vallecas con una troupe pequeña de muchachillos con familias muy complicadas. Era un barrio alegre y confiado. Al llegar el verano la gente hacía vida en la calle, los abuelos jugaban al dominó, las abuelas hacían calceta y los niños correteaban por la calle. La situación cambió en cuestión de meses y se montó una gran campaña para asustar la población. De repente aparecieron violadores por todas las esquinas, había jóvenes a los que llamaban navajeros y que al parecer estaban asaltando todos los pisos de la ciudad. Inmediatamente empezaron a aparecer las industrias de cerrajería urbana, puerta de seguridad en todas las vivienda, cristalería blindada para los vehículos de trasporte de los bancos, toda la industria de filmación de nuestra conducta en la calles, nos digamos en los hipermercados, bancos, oficinas sociales, etc. A muchachos que vivían en mi casa les proponían dejar muescas en las puertas porque la semana siguiente iba a ir la propaganda de puertas de seguridad. Tengo un librito que se titula La calle es de todos, donde durante un año recogí todo lo que publicó la prensa y si no fuera trágico, era tremendamente divertido porque todos lo periódicos nos empezaron a decir que había niños de siete años peligrosísimos que tenían que poner ladrillos en lo asientos del coche que robaban para poder llegar al volante. Durante uno o dos años toda la prensa española estuvo invadida de noticias de este tipo.

Consumidores y consumidos. El marco de la atención. Desde hace años estoy en contacto permanente con educadores, centros de tutela y de reforma, centros terapéuticos, educadores de calle, educadores en los colegios… Es indescriptible lo que está padeciendo esta población. Y en cuanto a los niños, no se puede mantener una cosa tan inmoral, tan ilegal, tan injusta. Hay que meterle manos por donde sea y revisarlo a fondo. Es evidente que tiene que haber un marco y sería absurdo pensar que puede desaparecer la tutela o la reforma de menores. Hay niños que necesitan atención especial momentánea, tiene que haber reforma porque la sociedad de hoy a veces corrompe muchachillos muy jóvenes y pueden realmente cometer delitos. Por consiguiente hay que intervenir con ellos. Incluso, y lo digo como psicólogo, sólo en algún caso, se necesitaría de un centro terapéutico muy especializado. Pero si se crea un centro de tutela lo primero que tenemos que preguntarnos es para qué debe servir. Como prioridad ha de garantizar una buena crianza a los niños que tienen la mala suerte de que su familia no se la proporcione. Pero son un acuartelamiento que lo único que promueve es que los muchachos queden perdidos, sin amistades, sin parientes, sin vecinos, sin barrio. Tienen que ser lugares muy temporeros porque el niño tiene que vivir en su ambiente. Como el resto de niños y personas necesitan construir una geografía con un paisaje, un barrio, un vecindario, unos amigos, un colegio. Si a un niño se le arrebatan todas estas pertenencias, se le está haciendo el daño más grande de su vida por más que se diga que se hace con intenciones altruistas. Llevamos años comprobándolo, no se les da lo que necesitan, una buena crianza y reintegración en su propio mundo. Muchos de ellos entre ocho y 14 años pasan a reforma. A esta edad en que todos se van preparando para la vida, una edad muy competitiva donde necesitan recibir una preparación para que al salir tengan futuro, lo que se hace en un reformatorio y que tenga cualquier parecido con lo que necesitan es pura coincidencia. El diseño de ciertos programas de reformatorio es de juzgado de guardia desde el de punto de vista psicológico. Perjudica a chiquillos y educadores porque se establece un sistema de relación patológica entre ambos. No se trata de que haya una intención de hacer un daño sino que es una materia de consumo muy maleable y se le está sacando rentabilidad. En la comunidad de Madrid durante un siglo hubo un reformatorio para niños. En este momento hay entre 17 a 19, todos privados excepto dos. Se les entrega el terreno, se les paga la construcción, las carreteras, todo el servicio que prestan, a veces hasta el hotel donde se hospedan quienes van a visitar los muchachos. Es decir, es una industria deslumbrante lo que se paga por cada muchacho. No entiendo cómo una sociedad que quiere tener una democracia digna puede hacer esto con la infancia.

Los niños extranjeros. No es muy distinto el asunto. Los niños extranjeros suelen tener una ventaja sobre los niños españoles. Cuando los niños españoles necesitan ir a un centro de tutela o de reforma normalmente han tenido una pésima crianza, pero no porque las familias sea malas, si no porque hay situaciones muy carenciales en que a las familias le está costando mucho trabajo salir adelante y poder comer. Esta situación carencial tan fuerte alargada en el tiempo suele también provocar deterioro en la buena crianza de los niños. Los niños extranjeros suelen venir de una cultura un poco más antigua, donde el rol de la familia y el vecindario tiene mucha más fuerza. Suelen ser niños con extraordinaria buena crianza. A veces viven aventuras tan desmesuradas e irracionales como atravesar el estrecho en patera o viajar en los bajos de un camión que han de construir una personalidad falsa fruto de las emergencia a las que se les somete, pero en general son muchachos que lo único que están buscando es salir adelante en el ámbito laboral para poder subsistir y enviarlo a sus familias. Si encuentran esto es una población extraordinariamente positiva. Yo actualmente trabajo mucho en la formación con estos jóvenes y la mayoría es población entrañable que inmediatamente aprende y en poco tiempo adquiere un nivel de preparación envidiable. Pero la problemática es la misma, el paro o que se le nieguen papeles. Una sociedad civilizada no puede negar papeles a nadie. ¡Si el Estado está para regular lo que existe! Los problemas nunca están en esta población sino que dependen de intereses económicos, políticos, por aberraciones racistas, etc. Pero ni los niños de riesgo españoles tienen más riesgo que el que les estamos haciendo padecer ni los muchachos emigrantes, que son lo mejor de esa sociedad, los más capaces, persona dispuestas al máximo riesgo para venir a alcanzar la dignidad que puedan percibir en nosotros y que a veces es difícil de percibir.

La buena crianza. El ser humano nace como un manojillo de pulsiones y es lo más dúctil de la naturaleza. El niño es pura plasticidad y desde que nace pasa por todo un proceso de humanización primero y de personalización después. Si se rodea de humanidad sale muy humanizado y si se le rodea de bestialismo se le deteriora. Junto a este proceso de humanización hay paralelamente otro de personalización: Para poder llegar a ser una persona se necesitan ciertos aprendizajes que comienzan en la primera crianza, el amamantamiento y después con el encuentro con el padre, la familia, el barrio, etc. Allí se construyen cosas fundamentales que yo llamo la seguridad básica; que uno se sienta seguro dentro de su especie humana, dentro de su ambiente de vecinos, la seguridad básica es el sentido de pertenencia. La autoestima, la identidad, que uno descubra su identidad por comparación o contraste con los demás. Por lo tanto hay que construir la identidad de una persona y uno de los aspectos más influyentes es la autoestima. El niño necesita saberse estimado para reconocerse como digno de estima. Muchas cosas las podrá construir o no después, en función de ello. Todo esto se cultiva desde que nace hasta que empieza a aproximarse a la condición de adulto. A medida que va creciendo hay que cultivar primero su dependencia porque sobre una dependencia satisfecha se construirá la independencia. También la autonomía interior, que aprenda a ser dueño de sus emociones, reacciones, etc. y la autonomía externa para que sepa distinguir las influencias positivas y negativas. Yo tuve que realizar este tipo de crianza con niños de entre 13 y 15 años que la sociedad consideraba peligrosos. Como psicólogo puedo decir que salvo raras excepciones, una entre millares, los niños no necesitan psicólogos, sino una buena crianza. Y esto es lo que no veo trabajar ni en los centros de tutela ni en los de reforma. Cuando oigo a la ministra decir que van a crear familias profesionales me pregunto si habrá caído en la contradicción de los términos. La crianza es una actividad personal, una trasmisión de lo interior adulto a lo interior de un niño, labores estrictamente personales donde lo profesional es perjudicial, molesto y absurdo. Lo que distingue a un profesional de uno que no lo es no es la preparación, sino el salario. Va a haber familias donde los niños digan: mis padres me alimentan porque me quieren y otro niños que digan: mis padres me alimentan porque les pagan para esto. No se dan cuenta de que damos un paso y fabricamos siete mil problemas. Aunque suene presuntuoso, que pregunten a la gente que sabe, porque hay mucha gente que está haciendo muy bien estas cosas.

Alternativas de trabajo. Si los grandes tinglados económicos son perjudiciales, tendrán que desmontarse. Partiendo de que algunos niños necesitan tutela, evidentemente se van a necesitar centros pero bajo ningún concepto y por peligrosa que sea la familia, deberían aislar al niño de sus raíces. Se pueden establecer infinidad de controles y se pueden conseguir que esa influencia no sea negativa. Se ha mitificado el daño que la familia infligía a sus niños y no todas las familias se agotan en sus aspectos malignos, conllevan además una serie de cosas que el niño necesita. Por ejemplo, el niño necesita el padre como símbolo y como memoria. Si el padre es alcohólico al niño le sobra el alcoholismo del padre pero no le sobra el padre. Por ello se necesitan centros de acogida y tutela pero por muy breve tiempo, si es imprescindible y muy vinculado a sus raíces. Igualmente, se necesitarán centros de reforma pero estrictamente por el tiempo imprescindible. Hay que modificar profundamente el interior de estas maquinarias. Un centro de reforma no puede ser un lugar donde a un muchacho se le pueda castigar por hablar en tono alto, por hablar con los compañeros de su pasado. Hay que hacerlos desaparecer, denunciar toda la insania que hoy existe y darles un buen fregado a fondo para que sean realmente centros con intenciones humanas, dignos de respeto. Hay que conservar ciertas cosas que son imprescindibles, cosas que en otra época se hacían espontáneamente y mejor, sin tanta profesionalización. Lo primero que se necesita es lograr un encuentro personal con el muchacho, no profesional. Si yo me encuentro con un muchacho como psicólogo, soy alguien y el muchacho no es nadie. Si lo hago como persona, allí tenemos algo en común y a partir de eso podemos construir algo.

Acercamiento personal. Primero hay que buscar el encuentro personal, subrayando ese carácter. Porque de entrada, el chiquillo puede vivir al adulto como enemigo. El educador se va a encontrar con una situación bélica y a él le corresponde desmontarla. Tendrá que dejar que el muchacho invada su territorio para que éste sepa en manos de quién se pone. Si es el educador quien invade al niño en primera instancia, estaremos ante una colonización y no iremos a ninguna parte. Tienen que pasarlo bien juntos y quizás así puedan afrontar conflictos juntos. Allí empieza la labor. De primeras el educador sentirá que el conflicto es tremendo y le desborda. Problemas jurídicos, con la policía, familiares, con los vecinos, académicos y de toda índole. El educador no puede ser especialista en todas estas cuestiones. Ha de ser una célula de apoyo y crear un entorno.

Legislación sobre menores. Con la legislación común tienen más que suficiente, no se necesitan legislaciones especiales. Evidentemente como se trata de niños habrá que tener todas las consideraciones y cautela que un niño se merece y por supuesto no se les encarcelará con adultos. Pero me preocupa esa legislación que es todo un sistema cerrado, autónomo. Habría que revisarlo muy a fondo. Durante años he conocido muchachos que preferían seguir yendo a las cárceles de adultos que a las nuevas cárceles para muchachos. Con éstos se hacen cosas que jamás se atreverían hacer con los adultos.

Alojamientos sólo para niños extranjeros. Esto es discriminación. Los chicos extranjeros vienen a Europa buscando algo distinto de su país. Ya conoce la pobreza o la cultura de su país, fundamentalmente tiene expectativas laborales. Lo que viene buscando y lo que necesita es integración. No tiene ningún sentido montar guetos. A mí al principio sólo me permitían trabajar con niños, nada de tener niñas y viceversa. Cuando superamos estas barreras descubrimos que los pisos mixtos eran infinitamente más educativos que los pisos gueto. Lo mismo con niños mayores y pequeños. Y lo mismo para extranjeros. Un piso tiene que responder a la realidad de la vida. Cualquiera que no sea racista sabe que el encuentro con el otro es un redescubrimiento de sí mismo y del otro.

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