¡RESPETA A MI AMIG@!
El movimiento migratorio es una realidad en alza, que responde, fundamentalmente, a las condiciones de exclusión en las que viven las personas en los países empobrecidos. Su incremento a hecho saltar todas las alarmas de quienes, lejos de considerarlo como una oportunidad de enriquecimiento cultural, han llevado este asunto a los primeros puestos de su agenda política, convirtiéndolo en un problema social al que habrá que dedicar todos los esfuerzos en reducir o eliminar.
Fronteras legales, físicas y sociales forman parte del engranaje perfecto del racismo y la exclusión, ajustados con el fin último de obstaculizar el derecho de los miles de personas que vienen en búsqueda de un futuro mejor. Todas ellas alimentadas por la construcción estadística, mediática y publicitaria de estereotipos y prejuicios, que nos ofrecen una imagen de la persona inmigrante como perteneciente a sociedades primitivas, atrasadas, incompatibles con nuestra cultura. Discursos encargados de la criminalización de las personas inmigrantes.
Miramos con desconfianza, rehusamos a profundizar en nuestras relaciones personales con personas de distinto origen. Hablamos de la libre circulación, pero condicionamos su entrada a la adecuación a nuestro mercado laboral, a las similitudes culturales. Hablamos de respetar sus derechos, pero los restringimos en función de su condición jurídica o administrativa: derechos sí, pero sólo para aquellas personas con sus papeles en regla. Queremos que se integren con nosotros/as, cuando lo que en realidad les exigimos es que se asimilen a nuestras costumbres y modos de vida.
Los testimonios de las personas inmigrantes son esclarecedores en este sentido. Ellas nos cuentan: de las miradas de sospecha que les acechan en los autobuses, en los comercios. La no admisión en establecimientos hosteleros. Nos hablan de sus dificultades para acceder al alquiler de viviendas, las condiciones laborales de discriminación y explotación económica a las que tienen que someterse. Las dificultades en el acceso a los servicios sociales, el trato discriminatorio en los centros de salud. Del control y acoso policial por el simple hecho de llegar de fuera. También de las agresiones y actitudes violentas con las que se topan.
Las personas inmigrantes tienen dificultades para denunciar estos hechos. Enfrentarse a estas injusticias flagrantes les supone una situación que hace peligrar aún más su existencia precaria en
nuestra situación de bienestar. En efecto, se renuncia a los derechos para no hacer ruido al respirar. Para convertirse en invisibles.
Oponernos a las políticas xenófobas que violan los derechos fundamentales de las personas, los falsos mitos estigmatizantes y criminalizadores en los que se fundan y las prácticas discriminatorias que producen, es nuestra apuesta de trabajo diaria. Por ello dile NO al Racismo. Construyamos un lugar sin exclusiones.Aquí cabemos tod@s!