Mercedes Jiménez. Antropóloga.
Colectivo Al Jaima
Tánger, febrero 2003
“Abandonar a los menores en la calle significa poner bombas de efecto retardado en el corazón de las ciudades”.(1) Nunca fue tan cierta esta advertencia. Tras las declaraciones del lunes 11 de febrero del embajador de Marruecos en España, Abdeslam Baraka, pidiendo al Gobierno que le devuelvan a los menores que emigran solos(2) y la rápida reacción de las comunidades autónomas afirmando el fracaso de sus planes para integrar a estos menores(3), se corre el peligro de “abandonar” a los menores a la suerte de retornos efectuados sin garantías y a la escalada del deterioro que esto supone.
Son un colectivo de unos 2.000(4) niños y adolescentes que están poniendo en jaque la política de extranjería. La mayoría provienen de Marruecos. La especificidad de este colectivo provoca un choque jurídico por su doble condición de emigrantes y menores de edad. Por una parte son merecedores de las medidas protección de la infancia en desamparo legisladas en cada país; por otra parte son emigrantes que han entrado de forma irregular. Dos lógicas que se contradicen, protección y restricción.
En torno a este nuevo fenómeno migratorio han surgido varios estereotipos. Se han sobredimensionado las cifras, llegándose a hablar de 1.000 menores en la calle en Cataluña. También se ha llevado a cabo una construcción social sobre sus contextos de origen: niños de la calle, delincuentes, conflictivos, violentos, peligrosos y drogodependientes.
Tras una investigación llevada a cabo en Tánger y de modo muy sintético podemos decir que existen cuatro situaciones de referencia en origen de los menores marroquíes que llegan a España(5). Los menores escolarizados que viven con su familia en un ambiente estable afectiva y económicamente, son un 10% del colectivo entrevistado. Los menores que viven en un ambiente familiar estable y con dificultades económicas, que pasan gran parte de su tiempo en la calle, pero no hacen de ésta un medio de vida, representan un 40% del colectivo entrevistado. Una tercera situación es la de los menores que viven en un ambiente familiar inestable y con una situación económica precaria o muy precaria, son el 35% del colectivo entrevistado. Por último están los menores que hacen de la calle su modo de vida y están desarraigados de su núcleo familiar, son los llamados niños de la calle y son un 15% del colectivo.
De todo esto deducimos el número de “niños de la calle” que emigran a España es muy inferior al que los medios de comunicación y la opinión pública presupone. Un niño de la calle está demasiado ligado a la supervivencia diaria como para establecer la estrategia que supone emigrar. La emigración requiere tiempo de estancia en el puerto para obtener la información deseada y ayuda para conseguir la mejor ocasión. Por otra parte, la mayoría de los niños de la calle de Tánger y Tetuán que intentan emigrar (nos referimos a ese 15%) lo hacen a Ceuta. Si el número de “niños de la calle” que llega a la Península es muy pequeño, ¿por qué se identifica a los menores que emigran con “niños de la calle” cuando hemos visto que no lo son?
La clave es que estos menores no eran de la calle en Marruecos, quizás una vez empezada la aventura migratoria han tenido que sobrevivir en la calle en España, pero en Marruecos y antes de decidir emigrar, su familia ejercía su función de socialización normalizada. Este hecho traslada la responsabilidad a las autoridades españolas y a todos los que comparten algún tipo de responsabilidad en la integración de estos menores.
Los menores que están en la calle en España se han vuelto de la calle, por muchos motivos. Una de las causas es un retorno efectuado sin garantías o en contra de la voluntad del menor o de su familia. Como hemos señalado la mayoría de las veces un menor retornado en contra de su voluntad volverá a intentarlo. El menor no siempre vuelve con su familia y se queda deambulando por la calle o viviendo en el puerto a la espera de volver a cruzar el Estrecho, comienza aquí un proceso de marginalización provocado por un retorno sin garantías.
Otra de las causas es que la actuación sobre este colectivo ha sido en determinados casos muy lenta y poco eficaz por la indefinición competencial entre las Administraciones (sobre todo en lo relacionado con la documentación de los menores). Muchos menores al no ver satisfechas sus expectativas se escapan de los centros de acogida e inician en la calle una espiral de delincuencia y marginación. Podemos hablar de una primera generación perdida, que corresponde a esa “primera generación de menores que llegaron” y ahora han pasado a engrosar la lista de los inmigrantes en situación ilegal.
El deterioro de estos menores es un fracaso de ambos países. El retorno masivo de menores a Marruecos es una manera de eludir la parte de responsabilidad española. Hemos fracasado en su integración, pero el fracaso es compartido de la misma manera que la responsabilidad también debe serlo.
- "Laisser des enfants dans la rue revient à poser des bombes à retardement au cœur des villes." Ouvrage collectif sous la direction de Stéphane TESSIER, « L'enfant de la rue et son environnement, ville, socialisation et marginalité », SYROS, Paris,1995, p.75.
- EL PAÍS, pág 29. 11 de febrero del 2003.
- EL PAÍS, pág 24. 13 de febrero del 2003.
- EL PAÍS, pág 24. 12 de febrero del 2003.
Giménez Romero, Carlos y Suárez Navaz, Liliana, Menores no acompañados que han entrado en territorio español sin representación legal. Volumen en prensa. Investigación Programa “Migración y Multiculturalidad”, UAM, 2000.
- Jiménez Álvarez, Mercedes “Los niños de la calle y el fenómeno de la emigración de menores: análisis de los contextos migratorios en el área urbana de Tánger”, Agencia Española de Cooperación, septiembre 2001.