La construcción social de la inmigración extranjera en Hego Euskal Herria

La construcción social de la inmigración extranjera en Hego Euskal Herria

J.P. Alvite
Profesor de Sociología de la U.P.V.

Analizar la dinámica de construcción de la percepción de los «otros» por parte del «nosotros» y sus cambios y metamorfosis en medio de esta «crisis civilizatoria» es complicado.
Pero esa dialéctica se complica aún más si esa construcción se produce desde una definición del «nosotros», desde una expresividad identitaria, que no es unívoca. Éste es el caso de Euskal Herria, donde la constante definición del «nosotros» está atravesado, de hecho, por dos formas de entender y construir la identidad colectiva. Aquí nos encontramos no con una construcción social bipolar(«nosotros-los otros»), sino transitiva(«nosotros-vosotros-los otros»). Éste es el núcleo central de la diferencialidad vasca.

1.- Elementos específicos que conforman la particularidad vasca en la percepción hacia la inmigración extranjera.
Las especificidades de las percepciones de la sociedad vasca hacia la inmigración extranjera se asientan, principalmente, sobre tres elementos diferenciales: la dinámica migratoria, un fuerte movimiento nacionalista y el impacto social de la crisis económica que afecta especialmente a los sectores sociales que se situaban en el entramado industrial.
Estos tres elementos se anudarán para dar una mayor complejidad, si se la compara con el proceso desencadenado en el Estado español, de las percepciones que se van a ir construyendo ante el fenómeno reciente de la inmigración extranjera.
Veamos, de manera esquemática, cada una de ellas.
1.1.- El caso vasco se asienta sobre una prolongada dinámica poblacional y migratoria muy diferente de la del Estado español. La dinámica demográfica de la sociedad vasca se caracteriza por ser la de una sociedad de inmigración desde hace al menos dos siglos y sufre, por tanto, un proceso más cercano al de los países del centro y norte de Europa que al del Estado español. Y esto en dos niveles:
1) La sociedad vasca, al contrario que la española, tiene en la época moderna (finales del siglo XIX y mediados del XX) varias experiencias de fuerte inmigración casi exclusivamente española, al calor de los impulsos industrializadores, que no sólo es portadora de nueva fuerza de trabajo, sino también de nueva cultura y lengua. Estas oleadas inmigratorias impactan al punto de mutar la estructura social originaria de la sociedad vasca.
Por el contrario, el Estado español, hasta los años 80 del presente siglo, desde el punto de vista demográfico, seguía inmerso en el ciclo negativo del movimiento migratorio: es decir, expulsaba más población de la que recibía.
2) En el año 1981, momento clave en que el Estado español pasa de ser emigrante a inmigrante, en el País Vasco, sobre todo en las Vascongadas, se da un proceso paradójico: a la par que sufre un estancamiento demográfico, debido a que sus índices de natalidad bajan hasta el punto de no reposición generacional, comienza a perder población (fundamentalmente la inmigrante española que vino al calor del impulso industrializador de los años 50 y 60)1: es pues un país de emigración de origen español.
Junto a esto, se da un lento incremento, al igual que en el Estado español, de la escasa población inmigrante extranjera que, en todo caso, es menor que la media estatal: mientras que, según el Censo del 91, la población extranjera es menos del 1% del total del Estado español (muy por abajo de la mayoría de países del centro y norte de Europa), para Euskadi Sur está en torno al 0,5% de su población.
1.2.- El segundo elemento diferenciador de la sociedad vasca es la presencia de un amplio y arraigado movimiento de reafirmación nacionalista, como consecuencia, entre otras, de la problemática causada por la fuerte inmigración proveniente del Estado español en la sociedad autóctona y que reclama un entramado político propio y la defensa de una cultura y lengua autóctonas.
Estos sectores, que en las dos oleadas inmigratorias procedentes del Estado español actúa de manera defensiva por cuanto perciben que puede implicar la pérdida de los principales elementos identitarios de lo autóctono, se posicionan de manera diferente ante este tercer momento inmigratorio que asienta población procedente de otros estados.
Aunque, para algunos sectores sociales del nacionalismo la experiencia de la conflictiva convivencia con el «otro» inmigrante español actúa como base para reelaborar el nuevo fenómeno de inmigración extranjera, no así para amplios sectores del propio nacionalismo. Éstos se mueven entre la indiferencia ante una población poco numerosa (y por tanto no amenazadora del proceso de recuperación de la lengua y cultura vasca posibilitado por los actuales instrumentos políticos) y la identificación con el «otro» extranjero (al percibirlos como grupos sociales y culturales minoritarios y en dificultad para mantener su supervivencia, proyectándose así la experiencia propia de lo vasco de minorización forzada, poblacional y políticamente).
1.3.- El tercer elemento diferenciador son las repercusiones sociales de la crisis económica, especialmente sobre el entramado industrial. El desmantelamiento industrial afecta de manera especial a la sociedad vasca por cuanto el desarrollo industrial fue la base moderna de su modelo de estructuración productiva y de crecimiento económico. Este desmantelamiento impacta, sobre todo, en los sectores sociales provenientes, en 1ª y/o 2ª generación, de la última oleada de inmigrantes provenientes de diferentes zonas del Estado español que acudieron como mano de obra, poco o nada cualificada, a los núcleos industriales.
Estos sectores sociales se asentaron en el espacio vasco integrándose como fuerza de trabajo, pero reproduciendo sus respectivas culturas. Estos inmigrantes, sobre todo su primera generación y parte de la segunda generación, sufrieron una paradójica situación: como sujetos portadores de fuerza de trabajo poco o nada cualificada se situaban como subordinados de la gran burguesía vasca, pero como sujetos portadores de cultura reforzaban, impulsado políticamente por el Estado español, el proceso de minorización de las señas de identidad de lo vasco.
El resultado fue el de una complicada y conflictiva convivencia con la población originaria vasca y el de la propia redefinición de lo que era el pueblo vasco y sus expresiones culturales.
El fenómeno de la inmigración extranjera, como fenómeno de relevancia simbólica, social y política, coincide con los efectos sociales ya consolidados de la crisis económica y el desmantelamiento industrial que le acompaña.
Como señalamos más arriba, esta nueva inmigración a pesar de ser, desde el punto de vista poblacional, muy pequeña está muy sobredimensionada por las políticas de control fronterizo que el Estado español, de una manera acelerada, debe realizar como contribución fundamental para la creación de la nueva Europa.
Por eso, el fenómeno de la inmigración extranjera en el Estado español y en Euskal Herria, y a diferencia de lo que ocurre en el centro y norte europeo, se percibe con relevancia por primera vez en este momento, pero muy unido a la negatividad que esas políticas de control le otorgan.
La negatividad de la inmigración extranjera en la opinión pública española, dados los fuertes efectos sociales de la crisis (traducidos en la profunda reestructuración económica y en las devastadoras políticas de desestructuración del mercado de trabajo), conlleva que se proyecte en la percepción del imaginario social como uno de los peligros que ahondan esta situación de crisis.
Esa imagen de negatividad cala también en la sociedad vasca, pero sobre todo en los sectores sociales más afectados por la reestructuración industrial: es decir, precisamente en gran parte de los entornos espaciales de asentamiento de la población inmigrante del Estado español.
Por eso, aquí la posible identificación de la experiencia migratoria propia con la experiencia de los nuevos sujetos migrantes extranjeros queda imposibilitada.
Esta imagen de negatividad hacia la inmigración extranjera en estos sectores de la inmigración proveniente del Estado español, se aminora por la percepción de la tercera generación: más joven, urbana, con un nivel mayor de integración en la sociedad vasca y con un mayor nivel educacional (esté parada o no).

2.- Las percepciones de la sociedad vasca ante la inmigración extranjera.
La inmigración extranjera, como objetos del mundo social, «pueden, como dice Bourdieu, ser percibidos y expresados de diversas maneras, porque siempre comportan una parte de indeterminación y de imprecisión y al mismo tiempo, un cierto grado de elasticidad semántica… y, además, están sometidas a variaciones en el tiempo de suerte que su sentido, en la medida en que depende del futuro, está también a la espera y relativamente indeterminado».
El dato demográfico «país de emigración a país de inmigración» o, en el caso vasco «país de emigración local y de inmigración extranjera» es, como indicador, importante, pero no exclusivo para producir significaciones sociales. Se puede, como en todos los objetos del mundo social, tener una presencia importante de inmigrantes y no desarrollar de los mismos representaciones muy «visibles» colectivamente y, a la inversa, puede haber un contigente de inmigrantes pequeño (o incluso, no haberlo) y producir imágenes estructuradas de los mismos (en este caso, la importancia de los medios de comunicación, por ejemplo, es decisiva).
Entre el dato «objetivo» y su relevancia social subjetiva median los mecanismos de percepción, y estos son procesos de construcción sumamente complejos que dependen, por lo general, de un haz de factores elaborados previamente y no exento de conflicto y ambigüedad. O, como dice Bourdieu, «…expresan el estado de las relaciones de poder simbólico».
En el caso de la percepción de la inmigración, por ejemplo, es necesario tener en cuenta cómo juegan la distribución geográfica de esas minorías, sus características culturales y socio-económicas, la tradición de alteridad de la sociedad mayoritaria, el empleo, el discurso y las prácticas generadas por los agentes sociales, los medios de comunicación o los poderes del Estado…
Es importante no olvidar por tanto que las percepciones producidas sobre cualquier objeto, en este caso los sujetos inmigrantes extranjeros, del mundo social tiene una génesis en su elaboración, una dinámica de cambio y conflicto y, por último, una forma cristalizada que es diversa según de qué sectores sociales se traten. Estas percepciones, que sostienen en gran parte las acciones de esos sujetos que las portan, se cristalizan. Ahora bien, ni son cerradas ni se cristalizan definitivamente: es decir, tienen un cierto grado de reelaboración.
Es importante reseñar los escasos estudios existentes en la materia en el País Vasco, a diferencia de los ya realizados en el Estado español, lo que demuestra el poco interés de los actores sociales e institucionales en esta temática.
Y esto contrasta con el excesivo y distorsionado tratamiento que desde los medios políticos se le ha dado a este tema para relacionarlo con uno que se le entrecruza: el de la tolerancia en la sociedad vasca. Paradójicamente a su centralidad en los medios de comunicación no se han realizado estudios en profundidad que avalen o cuestionen los discursos en liza.
En este caso, trataremos de ver cuales son las distintas formas elaboradas de las percepciones hacia la inmigración extranjera por parte de la sociedad vasca.
Para conocer esas percepciones tenemos distintas metodologías y técnicas. En esta ocasión, dado el espacio del que se dispone, optaremos por el análisis de los resultados de la encuesta de opinión. Esta es una técnica de orden cuantitativo que permite conocer cómo se distribuyen las opiniones de cada sujeto en el universo numérico (qué piensan). Este tipo de técnicas son imprescindibles pero insuficientes para analizar el complejo mundo de elaboraciones perceptivas.
Es pues necesario complementarlas con otro tipo de técnicas, como la entrevista en profundidad o el grupo de discusión que permiten conocer, no las opiniones, sino cómo se articulan los discursos de los diferentes grupos de sujetos en el universo ideológico y por qué lo hacen así respecto a cualquier objeto del mundo social.
Este análisis de opiniones es sólo un paso, necesario, en la tarea más completa que venimos realizando sobre esta producción de la alteridad inmigrante extranjera en el País Vasco. Para otra ocasión quedará completarlo con el análisis de los discursos.
2.1.- Opiniones sobre la inmigración extranjera en el País Vasco.
Para conocer las opiniones de la sociedad vasca vamos a apoyarnos en dos encuestas de opinión realizadas en ese período decisivo de finales del año 1991 a finales del 92, enunciado más arriba. Período donde se cristalizan con cierta consistencia las diferentes percepciones hacia la inmigración extranjera. Si las tendencias de la opinión pública vasca corren parejas a la del Estado español, y a falta de una encuesta más reciente, es bastante probable que, salvo pequeñas variaciones no sustanciales, se mantengan.
Estas encuestas son las realizadas por el CIS (Cis en adelante) a mediados de 1991 titulado Inmigración y Racismo2 y la de Invesco (Inv en adelante) de finales de 1992 sobre Racismo y xenofobia en el País Vasco3. En el primer caso tenemos Vascongadas y Navarra, en el segundo sólo Vascongadas.
Extraeremos tres niveles de referencia opiniática que se irán cerrando de un nivel más genérico a otro más preciso, a partir de los cuales desagregaremos los diferentes posicionamientos de los sujetos. Estos niveles van de un estrato de opinión más genérico (la aceptación de la inmigración y la opinión del número de inmigrantes extranjeros), pasando por un nivel perceptivo más concreto (opinión sobre las consecuencias del asentamiento de inmigrantes extranjeros y los posibles problemas que pudieran causar), para acabar en un nivel de mayor cierre ideológico (respaldo político a partidos de ideología racista en función de la presencia de inmigrantes extranjeros y los posibles problemas que causarían).
Esta estratificación nos permite ir girando sucesivamente la atención sobre tres tipos de actitudes hacia la inmigración extranjera: las que están en la base de la aceptación, primero; las que juegan en el entorno del agrupamiento social que se construyen de manera reticente; y, por último, las que están en la base del rechazo.

A) Aceptación genérica y opinión sobre el número de inmigrantes extranjeros.
1.- La sociedad vasca, si se la compara con la media del Estado español, tiene un nivel de aceptación alto de los inmigrantes.
Así, mientras que el 72% aceptaría que se instalaran en su pueblo o barrio, el 24,8% sería contrario (Inv).
Desde un punto de vista territorial el mayor nivel de aceptación está en Araba (77,2%), seguido de Bizkaia (72,2%) y con menor nivel Gipuzkoa (69,5%). Ahora bien, dentro de cada provincia el mayor nivel de aceptación se sitúa en las capitales, todas por encima de la aceptación media: Vitoria con un 78,4%, seguido de Bilbo con un 77,5% y Donostia con un 77,2%. En las que menor aceptación tienen los inmigrantes estarían las comarcas industriales en declive, todas por debajo de la media: el Gran Bilbao tendría el 68,5%, Llodio/Amurrio el 68,2% y Donostialdea con el 66,7%. Y, por último, las que se situarían en torno a la media el resto de la provincia: Araba con 78,3%, Bizkaia con el 72,5% y Gipuzkoa, la más baja, con el 68%.
En el plano socio-económico este nivel de aceptación es mayor entre las mujeres (74%) que entre los hombres (69,8%); es también más alto en los más jóvenes (de 15 a 34 años: en torno al 80%) que en los de mayor edad (de 55 a más de 65 años: en torno al 64%); entre los que tienen un mayor nivel de estudios (universitarios: 82,8%) frente a los de menor nivel (estudios básicos: 67%); entre los estudiantes (83,6%) y parados (81,6%) frente a los trabajadores no estables (66,2%) y jubilados (58,2%), situándose más cerca de la media trabajadores estables (72,7%) y amas de casa (71,1%); entre los de estatus socio-económico más alto (78%) que entre los de un estatus más bajo (72,1%).
En un nivel más cercano al universo ideológico la mayor aceptación está entre los que leen Egunkaria (88%), El Mundo P.V. (83,4), El País (81,8%) o Egin (81,6%) que entre los que no leen ningún periódico (60%); en torno a la media están los que leen Deia (76,9%), El Correo (73,1%) y Diario Vasco (72,4%). Así mismo, cuanto más conocimiento y práctica del euskara más nivel de aceptación entre los euskaldunes: el 80% para los que hablan, leen y escriben, seguidos de los que hablan y leen (71,8%) y, muy por debajo de la media, los que sólo hablan (64,7%). También en los erdaldunes son los que tienen un conocimiento básico del euskara los que mayor aceptación tienen (73,4%), frente a los que no tienen ningún conocimiento (70,5%).
2.- Si precisamos sobre la opinión del número de inmigrantes extranjeros en el Estado español, la percepción de la población en Vascongadas y Navarra es más ajustada a la realidad que la media que tienen los habitantes del Estado (Cis). Este indicador es importante puesto que al sobredimensionamiento numérico suele corresponder un sobredimensionamiento de su problematicidad.
Así, mientras que la mayoría de la media del Estado español piensa que «hay demasiados extranjeros trabajando en España» en un 32%, son tan sólo el 27,3% en Vascongadas y el 16,6% en Navarra. De igual manera, mientras que la media de los españoles opinan que «no hay demasiados» sólo en un 18,5%, los habitantes de Vascongadas con un 23,6% y Navarra con 26% estarían muy por encima.
Territorialmente, de ese 23,6% son los guipuzcoanos los que más creen que «no hay demasiados extranjeros trabajando» (27,2%), seguidos, y por debajo de los navarros, de los vizcaínos (23,8%) y, por último, de los alaveses (13,9%).
En el nivel socioeconómico, y para la población vascongada, de ese 27,3% que creen que «hay demasiados extranjeros trabajando», el 28,9% corresponde a los hombres y el 25,9% a las mujeres. Viendo la edad de esta población se observa que son los más jóvenes de 18—34 años quienes ofrecen un porcentaje más bajo en la consideración de que «son demasiados» con un 25,4% frente a los de más edad (de 65 a 74 o más) con casi el 31%. También, de los que creen que «hay demasiados extranjeros trabajando» son los que tienen estudios primarios los que en su mayoría mantienen esa opinión (46,4%) frente a los titulados de grado superior (25%); igualmente, se agrupan mayormente en esa opinión los que están jubilados (34,6%), parados (29%) y trabajadores (28,1%) frente a estudiantes (17,3%) y «sus labores» (26,8%); o los de menor estatus económico (37,5%) frente a los de mayor estatus (20 ).
En el plano ideológico-político y teniendo en cuenta el voto dado en la Elecciones Generales de Octubre de 1989, de los que creen que «hay demasiados extranjeros trabajando» el mayor porcentaje lo presentan los votantes del PP con el 50
y del PSOE con el 36,5% frente a EE con 20,8%, EA con 21,1%, PNV 22,3%, HB con 29,3% e IU con el 8,3%. Por otra parte, si se analizan las respuestas a partir de la consideración de que «no son demasiados los extranjeros trabajando» encontramos el porcentaje más alto en IU con 50%, HB con 34,5% y EE con 34% frente al 15,8% de EA, el 17,3% del PSOE, manteniendo una posición más intermedia el PNV con el 20,9%.

B) Opinión de las consecuencias y sus tipos en la convivencia con inmigrantes extranjeros.
1.- La percepción de la sociedad vasca (67,4%) en torno a las consecuencias negativas de la presencia de la inmigración extranjera es también menor que la media estatal (71,8%). Y mayor el número de los que considerarían que el asentamiento de la misma «no ocasionaría problemas a nuestra comunidad» entre los vascos (28,2%) que entre los habitantes del resto del Estado (23,1%) (Inv y Cis).
En ese 28,2% de la población vascongada que no considera problemático el asentamiento de inmigrantes extranjeros, el del colectivo de mayor inclinación a la solidaridad, y coincidiendo con la opinión sobre la mayor aceptación del fenómeno de la inmigración descrita en el apartado 1.1 anterior, tienen más presencia los alaveses (37%), que en los vizcainos (30,7) y que, por último, en los guipuzcoanos (20,5); y se repiten los resultados de mejor apreciación en las áreas capitalinas que en el resto de la provincia y que, en último lugar, en las comarcas industriales en declive. Hay también mayor presencia en esta imagen positiva del 28,2% de los que no ven problemas en los inmigrantes extranjeros en las mujeres (31,2) que los hombres (25%), los más jóvenes (33,7) que los mayores (19,7), los de mayor nivel de estudios (34,5) que los de menor nivel (26,5), los euskaldunes practicantes (35,8) que los que sólo tienen conocimientos básicos (21,5), los estudiantes (35,3) que los jubilados (17,3), los parados (30,6) que los trabajadores precarios (23,2), los lectores de Egunkaria (35,4), El Mundo del PV (31,4) y Egin (30,7) que los de El País (15,4%, y esto varía la tendencia similar de la pregunta sobre la aceptación) y Diario Vasco (17,4).
En cambio, no son coincidentes con las tendencias de opinión expresadas en la apreciación del apartado anterior sobre aceptación de la inmigración, las opiniones sobre los que creen que el asentamiento de inmigrantes extranjeros «no causaría problemas» en la variable «estatus socioeconómico». Así, cuanto más alto es el estatus socioeconómico decrece el número de personas que opinan que causan menos problemas (sólo el 19,4%) frente a los de estatus más bajo que recoge un aumento de opinión positiva (29,7%).
2.- Si precisamos los agrupamientos de opinión de los que creen que la presencia de los inmigrantes extranjeros «ocasionaría problemas a nuestra comunidad» (ese 67,4% del que hablamos antes) obtendríamos tanto las características de los colectivos de la reticencia y del rechazo (dos categorías diferenciadas), como los indicadores de definición del otro en tanto que sujeto negativo para la convivencia (Inv).
Los principales indicadores de percepción sobre los que se construye el otro como sujeto sometido a sospecha o exclusión son por orden de importancia:
a) los indicadores laboral y económico con el mayor nivel de concentración de problematicidad (54,1 y 32,1% respectivamente).
b) seguido de los raciales y culturales (22,6 y 18,9%)
c) y, por último, el de la inseguridad (18,5%).
Estos indicadores se distribuyen proporcionalmente, en las principales variables citadas (territorio, género, edad, etc.), de manera inversa a como lo han hecho antes respecto a los que consideraban que los inmigrantes extranjeros «no causaban problemas».

C) Disposición a votar a un partido de ideología racista en función de la presencia de inmigrantes extranjeros.
Este apartado nos permitirá conocer un nivel más preciso en el cierre ideológico y, sobre todo, la demarcación de los sectores partidarios del rechazo.
Ante la pregunta de «Si en España existiera un partido político de ideología racista que propugna expulsar del país a ciertos colectivos raciales y religiosos (negros, mahometanos, judíos, etc.) ¿estaría Vd. dispuesto a votarle?», nos encontramos que para la media del Estado español estarían dispuestos a votarle un 11,4% (entre «Sí» con 1,8 y «Sí, si provocaran problemas» con 9,6) frente a un 69,7% que no le votaría, un 16,9% que «No sabe» y, por último, un 2,0% que «No contesta»(Cis).
Para Euskal Herria, nos encontramos por primera vez con resultados muy dispares según la provincia y polarizados según la respuesta que la diferencian de la media del Estado español y de las tendencias de respuesta hasta ahora.
Para toda Hego Euskal Herria las opiniones se encontrarían por debajo de la media del Estado español a la hora de apoyar a este tipo de partidos con un 10,2% (entre «Sí» con 1,3 % y «Sí, si provocaran problemas» con un 8,9%) frente a los que, situándose por encima de la media del Estado, en ningún caso le votaría un 77,15% y teniendo un mayor porcentaje de respuesta que la media del Estado, pues da un 10,85% de «No sabe» y un 1,55% de «No contesta».
Ahora bien, si desagregamos estos datos por provincias nos encontramos con la sorpresa de que las tres provincias Vascongadas están muy por encima de la media del Estado en personas que votarían a partidos racistas (con un 17,9% ¡la más alta del resto de nacionalidades!): estando Araba con casi el triple de puntos por encima con un 26,2% (acumulando «Sí» con 25,4% y «Sí, si provocaran problemas» con 0,8%), seguido de Bizkaia con un 19,2% (con 17% y 2,2%) y, por último, Gipuzkoa con un 12% (con 10,6 y 1,4). Nafarroa, en cambio, es la única provincia que está por debajo, y mucho, de esa media estatal con una aceptación del 3% (de 1,7% y 1,3%). Es pues Nafarroa la que permite bajar la media de las cuatro provincias con el 10,2% antes señalado por debajo de la media estatal del 12,4% de aceptación de partidos de ideología racista.
En cambio, de las respuestas que niegan su apoyo a este tipo de partidos nos encontraríamos con un mayor equilibrio entre las provincias Vascongadas, estando Araba con un 67,2% por debajo de la media estatal (que era del 69,7%), seguida de Bizkaia con el casi parejo del 69,5% y Gipuzkoa, ya muy por encima de la media estatal, con el 78,8%; siendo esta provincia y Nafarroa con el porcentaje de rechazo del 82,3%.
Para tener una idea completa y, a la vez, una explicación de estas respuestas es necesario ver el porcentaje de los que no se posicionan con un «No sabe/No contesta», siendo muy bajo el de Araba (6,6%) y Gipuzkoa (9,3%) y manteniéndose también por debajo de la media estatal (18,9%) Bizkaia (11,3%) y Nafarroa (14,7%).
En realidad, lo que encontramos en Vascongadas es un elemento diferencial al resto del Estado determinado por un alto posicionamiento político que hace tanto bajar los que no quieren contestar (10,1%) frente a la media estatal (18,9%), como distribuir los posicionamientos en los polos: elevando la media de vascos que sí votarían un partido racista (con 17,8%, quedando por encima de la estatal con el 10,4%), así como la media que no votarían en ningún caso a este tipo de partidos (con 72%, estando por encima de la media estatal con el 69,7%).
Para terminar, y desagregando estas opiniones de mayor acuerdo a dar su voto a estos partidos racistas por grupos de variables se pueden ver las siguientes tendencias:
En un nivel socioeconómico, tienen un mayor nivel de aceptación los hombres (21%) que las mujeres (15%), los de mayor edad (24%) que los de menor edad (17%), los jubilados (24%) y parados (23,3%) que las amas de casa (12,9%) y estudiantes (16,4%), los de menor cantidad de ingresos económicos (28,1%) que los de mayor (20%), los que tienen estudios de F.P. (29,2%), grado superior (23,9%) y estudios primarios (19,1%) que los que tienen estudios de Bachiller Superior (8,7%), de Grado Medio (12,3%) y Bachiller elemental (13,2%).
Desde claves más ideológico-políticas, los que tienen una mayor predisposición al respaldo de partidos racistas serían los muy católicos (33,4%) frente a los no creyentes (17,3%).
Así mismo, por partido votado en las últimas elecciones generales de 1989, los que tienen una mayor predisposición son los votantes del PP (50%), seguidos de los del PSOE (27%) e IU (25%), mientras que en el campo nacionalista hay un porcentaje menor, teniendo mayor cantidad en los votantes de HB (24,1%), seguidos de los del PNV (23,3%) y, por último, los de EA (21,1%).
Por contra, y para completar la visión, en esta clave política, quien expresa un nivel más alto de rechazo a respaldar a este tipo de partidos son los votantes de IU (75%), seguido de los de EA (73,7%), los dos con porcentajes por encima de la media vascongada, situándose después HB (70,7%) y PNV (69,9%), estando los cuatro por encima de la media estatal; por debajo de las medias vascongadas, de Hego Euskal Herria y Estatal estarían el PP (38,9%) y PSOE (63,1%).

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