No al racismo y la explotación

No al racismo y la explotación

Asociación pro-Derechos Humanos de Murcia

El trágico accidente que segó la vida a doce personas en Lorca ha supuesto un claro aldabonazo en la conciencia de la sociedad murciana. De una forma brutal, nos ha colocado ante el espejo, obligándonos a mirar la realidad que nos rodea, una realidad cotidiana que estaba ahí y que casi nadie parecía querer ver: la evidencia de que el racismo y la explotación laboral están en la base del milagro de la agricultura murciana.
El accidente de Lorca es la crónica de una muerte anunciada. No era el primer accidente mortal de estas características. Son muchos centenares de furgonetas atestadas de trabajadores inmigrantes las que recorren todas las noches las carreteras y los caminos secundarios, muchas personas han muerto ya en diversos accidentes. Pero esta vez han sido doce personas de una vez, hacinadas en una furgoneta, arrolladas por u n tren en un paso a nivel sin barreras en la Murcia europea del AVE y del siglo XXI.
Tampoco es una novedad saber que hay empresarios sin escrúpulos que contratan a trabajadores sin papeles, no porque no tengan otro remedio, sino porque salen más baratos y son, según dicen ellos mismos, más dóciles. Una supuesta docilidad que no es propia de ningún origen nacional o cultural, sino que se explica, sobre todo, por el interés de muchos empresarios en disponer de una bolsa de trabajadores sin papeles y sin derechos, a los que poder explotar de forma inmisericorde, a destajo y por 10 pesetas el kilo de brócoli recogido…
Años atrás, muchos empresarios decían preferir a trabajadores ecuatorianos frente a magrebíes, aludiendo a supuestas razones culturales o religiosas… quizás ahora tengamos claro que por afinidad cultural o religiosa, ellos entienden mano d e obra de usar y tirar, o la simple explotación infantil de niñas de trece años. Lo peor de todo es que la Ley de Extranjería recién aprobada por el Gobierno del PP apoya esa pretensión, dejándolos totalmente sin ningún tipo de derecho de reunión, sindicación o huelga y con la amenaza de una posible y fulminante expulsión.
Y si esta realidad de explotación y racismo era un secreto a voces, habría que preguntarse, entonces, por las responsabilidades que este accidente saca a la luz.
En primer lugar, el Gobierno central tiene una evidente responsabilidad al propiciar, con su nefasta, policíaca y antidemocrática Ley de Extranjería, una situación de indefensión de las personas inmigrantes sin papeles, despojándolas de derechos humanos esenciales reconocidos en las convenciones internacionales y en nuestra constitución. La primera exigencia es evidente: derogación de esa Ley de Extranjería y legalización inmediata de la situación de todas las personas inmigrantes que ya viven en nuestra tierra y que tan necesarias son para la economía regional, como nos recuerdan autoridades, empresarios, agricultores o alcaldes…
De otro lado, hay que mencionar la necesidad de que las condiciones laborales de toda persona trabajadora sean respetadas y ajustadas a la legalidad. Y esa responsabilidad recae, en primer lugar, en los empresarios que contratan, cumpliendo con la legalidad; los sindicatos que deben velar por la validez y justeza de las condiciones de trabajo, y la Administración regional que con la Inspección de Trabajo a la cabeza, deberían haber impedido hace tiempo que hechos como el de Lorca no hubieran sucedido nunca. Y esa responsabilidad no se extingue por el dudoso mérito de que en nuestra región se hayan impuesto ya 400 sanciones: esa cifra no es indicativo de eficacia, sino de la magnitud de la explotación.
Y también hay una responsabilidad social, aquella que apela a la conciencia de las personas o a todo tipo de colectivos sociales: una sociedad sana, democrática, solidaria, como muchas veces nos gusta definirnos a los murcianos, no puede mirar hacia otro lado y dejar de ver el peligroso racismo que anida a nuestro alrededor, ni puede permitir la justificación de cualquier discriminación racista por pequeña que sea… ese racismo es el que, al final, permite que en los campos murcianos la productividad se haya duplicado en los últimos cuatro años. Ya sabemos cómo se consiguen esos milagros y a partir de ahora, no podremos decir que no lo sabíamos. Y este es un problema que no sólo afecta al campo, sino al trabajo doméstico o a la construcción.
Por ello es necesario trabajar para que los derechos humanos de todas las personas sean respetados, y el primer paso evidente es la exigencia de derogación de la Ley de Extranjería, para poder exigir de forma clara y conseguir
derechos y papeles para todos y todas

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